Manuel Iglesias, junto a Leopoldo Fernández, formaba parte de los cimientos del DIARIO desde que la cabecera iniciara su etapa en Tenerife, a partir de 1976. Versátil, objetivo, honesto, trabajador, Iglesias encontró en la gastronomía el tema, aquella pasión a la que dedicaría buena parte de su vida, y por cuya labor fue laureado en las Islas y en toda España, reverenciado por Adriá, Berasategui, Arguiñano o Arzak, entre otros.