UNO de los efectos secundarios que produjo la primera expulsión de los judíos de España, la de los Reyes Católicos, fue el impulso de la figura del correveidile, un despreciable tipo humano que, desde entonces, resulta insustituible en el catálogo de las miserias nacionales. Expulsar a los judíos era entonces una costumbre generalizada en Europa. Lo habían hecho, antes que Isabel y Fernando, Eduardo I en Inglaterra o Felipe IV en Francia y la práctica era considerada como avanzada y conveniente.